miércoles, 21 de octubre de 2009

Nobel...

Sin duda el premio Nobel es un acontecimiento mundial. Tenemos a Neruda y a la Gabriela como valuarte nacional en la materia, ningún chileno desconoce este tan admirado galardón. Personajes tan grandes como Gandhi, Mandela, García Márquez, Octavio Paz, entre otros. Ahora algo suena raro Obama el recientemente electo Presidente de los Estados Unidos. Cuál es su mérito; haber prometido el cierre de Guantánamo o el retiro de las tropas de Iraq. Qué sucede con las bases que ocuparán las milicias norteamericanas en Colombia. Muy pronto, aún no se cumple un año desde su elección como presidente del imperio y ya cuenta con el premio de la Paz. Falta, sin duda falta que pase mas agua bajo el puente.

viernes, 7 de agosto de 2009

El pasado se hace presente...
Hay cosas que simplemente no entiendo. Estamos en el siglo XXI (aún lejos del Siglo XXV de Bob Rogers) sin embargo la tecnología, la ciencia y las comunicaciones crecen y se desarrollan, pareciera ser, que de manera infinita. Científicos son capaces de decifrar toda la cadena genética del virus del SIDA, mientras otros trabajan para obtener la vacuna en contra de la gripe humana; el libre comercio ve como se compite en el mercado de los e-book; y los analistas económicos hacen proyecciones para el año 2010, para el mercado nacional e internacional.
La contraparte está dada por la existencia del Tribunal Constitucional (TC) que hoy da un golpe bajo a la democracia nombrando como su Presidente al ex- Director de la DINACO.
Se agrega la proclamación popular, escuchada por un grupo de parlamentarios, de la reinstauración de la pena de muerte, frente a un hecho actual brutal, sin duda, pero que tan cristianos son aquellos que defineden la vida del no nacido, combaten la distribución masiva de la píldora del día después y combaten el aborto en todas sus forma pero promueven iniciativas de ley que buscan matar. Nos acercamos a la ley del Talión o a la autotuleta.
Se absuelve al hijo de Pinochet porque el Servicio de Impuestos Internos no se hizo querellante en el proceso, lo mismo sucedió con Lucia Hiriart y Lucia Pinochet, simplemente declararon "no se nada". Los dineros en los bancos extranjeros alcanzan cifras millonarias, de dónde salió ese dinero, cómo la familia del Dictador gozaba de los bienes y de la calidad de vida que les daba su padre como General del Ejército o los honorarios eran suficientes para vivir como vivían los Pinochet. Nunca a ningún miembro de ese grupo familiar se le ocurrió preguntar de dónde salían el dinero que sustentaba su existencia.
Modificar el SENAME, en año de campaña presidencial se entienden las ofertas varias, pero tomar el caso del niño Cristobal, el popular Cizarro, y hacer hablar a su madre en los medios de comunicación quien aboga por su hijo quien dice estar arrepentido. Señores y señoras será que recién se dan cuenta de la precariedad de los niños que viven en la calle, de los niños que delinquen desde que aprender a caminar o, tal vez antes, cuando aún están en el coche conducido por un adulto para robar en el supermercado. Recién se están dando por enterados que la droga es de cada minuto de éstos niños, que las familias no tienen un ingreso digno, que la educación es mínima, son desertores escolares y agresores de sus pares. Simplemente una cosa conduce a la otra.
En la esfera internacional, Estados Unidos con su presidente Obama busca hacer uso de las instalaciones militares de Colombia para combatir los grupos paramilitares. Recordemos la crisis de los misiles en plena Guerra Fría y Guantánamo.
El 6 de agosto se conmemora el lanzamiento de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, aún sobreviven personas que vieron el hongo atómico cinematográfico y que sienten el olor a carne humana quemada.
Las mujeres aún luchan por sus derechos. Aún hay lugares de este mundo del siglo XXI que las mujeres no pueden usar pantalones ni conducir un auto y son condenadas a la muerte a pedradas por ser madres solteras, sin importar si la criatura es producto de una violación. Sigen siendo comercializadas e intercambiadas como un objeto.
Los recuerdos no pueden desaparecer, la menoria debe estar presente siempre. Las cosas debe cambiar.

sábado, 16 de mayo de 2009

Humanización, eso es lo que aún está pendiente

¿Somos una gran masa?. Nos vestimos de una forma similar, en las multitiendas los percheros hacen fila con la misma ropa, igual en color y forma; vemos los mismos programas de televisión, si no por qué los Reality venden tanto; comemos rápido, cualquier cosa, el tiempo apremia; aspiramos a tener y tener; y lo peor es que nos olvidamos de quienes somos.
Se pierde nuestro origen. Se pierde nuestra humanidad. Pasamos a ser un número: de celular, de encuesta, de datos, de cliente, etc.
Entonces cuando aparece un color en la masa grisacea nos asunta, lo excluimos, lo tachamos de diferente e inadaptado. Habla mucho, tiene opinión, piensa y genera "ruido". Calma, calma, estamos tranquilos, no muevas el agua que el sedimento sale a flote y contamina, opaca nuestra claridad, no cuestiones que el poder se preocupa y se arrepiente del voto voluntario e inscripción automática.
Qué nos pasa. Seguimos en el metro cuadrado heredado por la historia política reciente.
Qué nos pasa. Seguimos consumiendo lo que nos da la publicidad y el marketing.
Qué nos pasa. Seguimos viendo cómo nuestros hijos admiran la "choreza" y se tratan de "choro".
Qué nos pasa. Que no vemos que somos personas que amamos y sentimos, que tenemos a otros y otras a nuestro lado, que somos iguales, que tenemos los mismos sueños y deseos.
Tenemos internet, e mail, e comerce, e??????. Humanización, eso es lo que aún está pendiente.

lunes, 7 de enero de 2008

Las Relaciones Públicas

¿Qué son las relaciones públicas?...podríamos entregar una serie de concepto acuñados por diversos autores o hablar de la historia de las relaciones públicas, nombrar hechos históricos con fechas y consecuencias, sin embargo y sin hacer todo eso podemos llegar a enunciar un concepto de esa materia.

Cómo se preguntarán. Simple. Partiendo de las relaciones humanas como base de toda interacción entre las personas y de la comunicación.

Ahora cómo llegamos a las relaciones públicas. Somos capaces de planificar acciones de relaciones públicas y de obtener resultados positivos.

jueves, 20 de septiembre de 2007


La mitad de las lenguas que son habladas hoy se habrá de extinguir hasta el fin del siglo XXI; cada dos semanas muere una lengua en el mundo.

"La escritura es la forma más racional de exorcizar los demonios interiores" Vargas Llosa

miércoles, 29 de agosto de 2007

Busca la Catedra Como apoyo a las clases

Catedra: Gramática y Redacción
Material de Apoyo
Fuente Reuna, Red Universitaria Nacional

Aprender a escribir, aprender a redactar
Material de apoyo para estudiantes de Periodismo
María José López Pourailly
Santiago, mayo de 2001.
I. Introducción
Para comenzar es preciso concordar como premisa básica que cualquiera sea la actividad o profesión
que desarrollemos en nuestras vidas, siempre tendremos, en algún momento, la necesidad de escribir.
Redactar es otorgar un orden, una estructura, a aquello que digo, mediante la palabra escrita.
El presente texto pretende dar al lector las pautas básicas para una redacción clara, coherente y con
sentido. Aunque está destinado al ejercicio de la escritura periodística, no es excluyente de otras
formas porque las herramientas que aquí se entregan son válidas para cualquier trabajo de redacción,
sin importar su carácter, género o tipo.
Hay que aclarar que estos apuntes cumplen una función primaria de enseñanza, y de ninguna manera
serán la fuente de la excelencia en la escritura.
II. Tomar conciencia
Escribir es llevar al papel aquello que pensamos, opinamos, sentimos, creemos o nos han dicho.
Escribir es comunicar; es un acto de comunicación con otro, con un ellos o conmigo (diario de vida).
En periodismo, escribir es conectarse con un público (ellos) con el objetivo de comunicarle hechos y
acontecimientos de relevancia social, política, económica, cultural, científica, etc.
Para que este acto de comunicación sea efectivo, para que cumpla con su deber de informar y educar
respecto de ese "algo" que queremos descubrirle al lector, la redacción debe ser clara y comprensible,
sin dejar espacios de duda. Para esto, debemos tener claramente establecido en nuestro cerebro lo
que vamos a decir. Estamos obligados a tener la "idea clara".
Al escribir, el periodista debe: 1) motivar al lector con el tema que propone, 2) establecer un orden
en lo que quiere transmitir, y 3) encontrar un lenguaje común para establecer una relación "aireada"
con su lector.
En este punto, es necesario que pensemos en aquellos errores que frecuentemente cometemos a la
hora de escribir; aquellos que enlodan nuestro trabajo y lo tornan difícil en su lectura y, muchas veces,
incomprensible:
1. Anunciar al inicio del párrafo algo que diremos y, antes de desarrollarlo, referirnos a otra cosa.
Ejemplo: El secretario general del comité dijo, tras la celebración realizada en honor al
centenario de la institución que preside el señor Eulogio Frisamán, hombre carismático
que pretende dar un nuevo rumbo al curso de la historia entomológica de la nación,
empeñando sus esfuerzos en la profundización de la investigación científica de la materia.
2. No dejar claro el tema, sus antecedentes y causas, ni a qué hecho o circunstancia se está
haciendo alusión.
3. Presumir que quien leerá el texto ya está familiarizado con la noticia a la que me estoy refiriendo.
4. Entremezclar conceptos, hechos, datos, informaciones, etc., sin un cuidado de jerarquía, ni de
sintaxis.
5. Dar por concluidos textos que no transmiten lo que queríamos transmitir al comenzarlos.
6. No encontrar la fórmula de desarrollar comprensiblemente ciertas ideas.
7. Percibir que los hechos y su desarrollo se van complicando en el papel, a medida que los vamos
describiendo.
8. Irnos por las ramas.
9. Repetir en una misma línea, oración y/o párrafo, un concepto y una palabra.
10. Utilizar muletillas como "Por otra parte/lado", "Por su parte/lado", "Y es que", para comenzar
una oración o párrafo, cuando no se sabe cómo hacerlo y no se quiere pensar en una solución creativa
para resolver el problema. En este punto hay que recalcar que la primera y segunda muletilla provocan
en el lector preguntarse: "¿Por cuál parte?; ¿por la de atrás, la de adelante, cuál?"
11. Reiterar una y otra vez hilativos tales como: "por la cual", "por lo cual", "por los cuales", "la que
", "lo que", "los que"; o los determinativos "sin duda", "no cabe duda"; y tantos otros que ustedes ya
estarán recordando.
12. Eliminar la sangría al comenzar un párrafo.
13. Abusar de las comillas (""), sabiendo que sólo se usan en caso de insertar una cuña o frase
textual de alguna fuente en el texto.
14. Utilizar palabras tomadas del inglés y mal traducidas o inexistentes en castellano. Por ejemplo,
“customizar” (customize); emponderar (empowerment), setear (set up) y otras tantas que contaminan
el lenguaje.
Escribir es comunicar. Esto es un hecho; por lo tanto, debemos reconocer como sentencia ineludible
lo siguiente: en expresión escrita siempre del otro lado del papel, de las palabras escogidas, hay
personas como nosotros, dispuestas a leer lo que hemos escrito para poder acceder a lo que le
quisimos transmitir. Aprovechar ese diálogo abierto que se produce entre escritor/periodista y lector,
es tener conciencia de escritura.
III. Lo primero es lo primero
¿Cuándo iniciamos realmente el proceso de escribir?, ¿cuándo nos sentamos ante la computadora
y comenzamos a pulsar las teclas?, ¿cuándo?
La respuesta es bastante sencilla: empezamos a escribir en el mismo momento en que en nuestra
mente aparece la idea. Cuando por primera vez pensamos el tema. Ese es el verdadero inicio. No
existe otro. Lo que suceda de ahí en adelante serán las distintas etapas del proceso –ya iniciado– de
escritura.
Al momento de comenzar a pensar en un tema inmediatamente nos hacemos una imagen mental de
lo que queremos obtener: ya prefiguramos cómo lo escribiremos. Se inicia, así, un recorrido mental
en que seleccionaremos ideas, fuentes, documentos, diálogos, discursos, textos; decantaremos,
buscaremos, saltaremos, descartaremos, asociaremos, desplazaremos de lugar, etc. Jugaremos con
el tiempo real desestructurándolo para crear nuevos efectos o, simplemente, para facilitar la comprensión
de los hechos de manera aislada e individual. Al redactar sintetizaremos y expandiremos –cuando
corresponda y/o lo amerite– esas ideas. Luego, a medida que releamos lo escrito, corregiremos los
errores, clarificaremos las dudas y, en algunos casos, eliminaremos frases y párrafos que nos parezcan
redundantes o innecesarios.
Todo esto ocurrirá querámoslo o no. Es un proceso inconsciente. Pero hay que tomar conciencia
respecto de su importancia. De que se cumpla cada uno de estos pasos dependerá, en gran medida,
el éxito o fracaso de mi texto (crónica, perfil, entrevista, editorial, reportaje, etc.).
Las expectativas que genero en torno a lo que quiero escribir; la búsqueda de datos, la persecución
consecución de fuentes; la toma de notas; la transcripción de entrevistas; la formulación de esquemas
de trabajo y de esquemas de desarrollo del texto; etc., son todas partes constitutivas de la obra final.
Ninguna de ellas merece menor respeto ni menor cuidado, aunque no formen parte del texto que
quede escrito.
IV. "Toda cosa que se dice, siempre dice algo de quien lo dice", (Jorge Antar)
Entender qué palabras y oraciones son apenas representaciones lingüísticas, mapas del territorio que
describen, es básico para entender que cada vez que escribimos necesitamos y tenemos la obligación
de encontrar la palabra y la oración que representen, que interpreten, que expresen de mejor modo
aquello que quiero comunicar.
La palabra es una parcialidad. Un conjunto de palabras es un conjunto de parcialidades; con ese
conjunto de parcialidades debemos referirnos a una totalidad, a un hecho, a una persona, a un
sentimiento, etc. Complicada cosa...
Ante cada párrafo que escribamos debemos preguntarnos si hemos logrado comunicar tal como
queríamos aquella totalidad a la que nos referimos mediante la palabra (parcial). Debemos practicar
el mismo ejercicio con cada uno de los verbos utilizados, verificando que sean los más adecuados y
que se utilicen en el tiempo correcto. Debemos buscar la palabra y el verbo más representativos.
Escribir es un acto creativo de representación o re-presentación. Para que esta labor no sea abortada,
truncada o prostituida, debemos dar un orden a lo que queremos decir. Debemos evitar que las ideas
se nos escapen del cerebro al papel de un solo golpe; ellas sólo pueden salir de una a la vez: una
idea por párrafo para que se desarrolle completa, libre y sin problemas ni confusiones.
Lo escrito nunca se entiende del mismo modo que lo hablado. No se habla igual que como se escribe.
No se escucha igual que como se lee. Funcionamos en niveles distintos de comprensión. Cuando al
hablar digo algo que luego descubro no es correcto, puedo rectificar de inmediato y mi interlocutor lo
entenderá, pasando por alto mi error. Si al escribir cometo un error, en el mejor de los casos pasará
un día completo antes de que pueda rectificarlo y será demasiado tarde: lo que el público leyó en las
páginas que escribí en el diario en que trabajo, ya lo internalizó.
Una y otra vez tendremos que recordar que al escribir estamos comunicándonos con otra persona,
no hablando en el vacío. Todo texto se concibe con la presencia de un destinatario.
A fin de potenciar el texto, siempre y cuando no se atente contra la verdad, podemos hacer saltos en
el tiempo, eliminar datos irrelevantes, detenernos largamente en un hecho particular que nos parece
de enorme relevancia; cortar, tachar, romper, desarrollar, etc. Somos los dueños de nuestro texto;
podemos liquidarlo tantas veces como queramos, si el fin último es bueno, verdadero y de calidad.
Por último, el mensaje no es lo quiero decir, es lo que digo.
V. Mantener la mirada fija en el final del túnel
Antes de largarnos a escribir y una vez que ya lo estemos haciendo, convendrá que nos hagamos tres
preguntas para que el texto no se escape de su eje:
1. ¿Para quién escribo esto? (para el público que lee el diario o la revista en el que trabajo).
2. ¿Para qué le servirá a quién lo lea? (utilidad y objetivos del texto).
3. ¿Cuánto escribiré? (extensión en páginas y en tiempo que me demorará la investigación y la
escritura).
Cada vez que sintamos que nos separamos de la ruta que queríamos seguir, o nos alejamos de la
hipótesis que hemos propuesto, etc., debemos detenernos y formularnos estas preguntas. Su respuesta
nos devolverá al eje, recobraremos la perspectiva original y el acto de escribir recuperará su orientación.
Estas tres preguntas básicas siempre nos ayudarán a ver la salida del túnel, por más lejos que esté.
¿Para quién escribo? Esta pregunta se refiere a quién será mi interlocutor. La mayoría de las veces
o casi todas, por lo menos en periodismo, es imaginario. De hecho, aunque no pensemos en nadie
en particular cuando escribimos, siempre habrá alguien que nos lea, no sabemos quién, pero podemos
imaginarlo.
Cada vez que escribimos lo hacemos para que alguien nos lea; ese alguien puedo ser yo mismo,
puedes ser tú o pueden ser ellos. Esto quiere decir –y aquí si que no hay posibilidad alguna de
discusión– que siempre que escribimos hacemos inconscientemente la inclusión del lector.
Interlocutores Imaginarios:
1. Escribo para mí: interlocutor: yo. Este es el plano del diario de vida; es muy personal. Puedo
escribir en códigos que sólo yo entiendo, pues nadie más que yo es el destinatario de mis palabras.
Este es el plano del diario de vida. ME HABLO a mí en tiempo presente.
2. Escribo para ti: interlocutor: tú. Escribo para alguien que conozco y me conoce. Comparto
códigos comunes con él, es personal, pero no al mismo nivel que el anterior. Este es el plano de las
cartas. TE lo CUENTO en tiempo pasado.
3. Escribo para él: interlocutor: usted. Escribo para alguien que no conozco ni me conoce; no hay
conocimiento del uno hacia al otro, por lo que todo lo que escriba tendrá que ser perfectamente claro,
en un código comprensible para ÉL. Este es el plano del periodismo. LE INFORMO hoy. Debemos
emplear un lenguaje público, de uso común, no importa cuántas veces ni de qué modos sea leído,
siempre se entenderá de la misma manera, uniformemente.
VI. El orden necesario
Todos los textos tienen estructuras que sostienen las partes que los componen. Estas partes les
permiten desarrollar sus funciones. Si la persona que escribe es hábil en su quehacer, estas estructuras
serán invisibles para el lector. Si no lo es, la práctica le otorgará el beneficio de la invisibilidad. Pero
tras el encadenamiento de los párrafos y el impulso del mensaje (historia, noticia), siempre hay un
orden en el modo en que los hechos se presentan al lector.
Ahora, si esa estructura es o no eficiente respecto del mensaje que queremos enviar a través del texto,
es un misterio.
La única norma universal que existe y que, además, sirve como punto de apoyo es: después del título
(del nombre del autor y de la bajada, si los hubiese) todo texto se lee de acuerdo con una secuencia
lineal; parte en el primer párrafo, continúa por los siguientes y se concluye en la última palabra del
último. De este recorrido, que por obvio se olvida y muchas veces se pasa a llevar, se desprenden
los tiempos progresivos de la lectura:
1. NOTICIA: (Exposición introductoria) En el comienzo, el lector espera que el texto responda a
la expectativa generada por el título. Por lo tanto, conviene que la primera parte del texto dé una idea
general de su contenido y establezca alguna afinidad con el lector (cercanía).
2. ANTECEDENTES: (Elementos que fundamentan la noticia) El lector ya ha entrado en el tema,
lo identifica con una imagen ya existente en su mente y sigue leyendo. Desea ampliar su información
y busca argumentos que apuntalen, amplíen y contextualicen la noticia.
3. CONCLUSIÓN: (Lo que se desprende de todo lo expuesto) En el último tramo del texto el lector
querrá llegar a una conclusión; algo que dé mayor peso y concrete todo aquello que ya se ha expuesto.
El texto debe dar esta conclusión (esto en el caso del periodismo es un imperativo, no así en la
literatura), ya sea de manera implícita o explícita.
Noticia, Antecedentes y Conclusión conforman –manteniendo el mismo orden– lo que se conoce como
estructura NAC. Esta es uno de los esquemas más sencillos para escribir y, por lo mismo, uno de los
más claros y efectivos. NAC es una plataforma básica de trabajo, una vez que se domina a la perfección,
se podrá saltar a elaboraciones estructurales más complicadas y, finalmente, a la una propia estructura
de redacción.
El montaje NAC es clásico en las crónicas periodísticas pues tiene la ventaja de proporcionar al texto
un crecimiento en ondas concéntricas alrededor de la noticia. A medida que escribimos ampliamos
la información, el núcleo central que se formó como primera idea en la mente del lector. Esta estructura
ha llegado a convertirse en la herramienta más eficaz para ubicar al lector, ya desde las primeras
líneas, en el epicentro de la información. NAC no es un estereotipo ni un impositivo, es una estructura
que toma en cuenta las reacciones del lector, un sistema activo que facilita su desplazamiento a través
de la crónica.
N * hecho principal
* contexto
A * datos que amplíen lo expuesto en N
C * conclusiones
Otra estructura útil y absolutamente necesaria en el caso del periodismo –es más, habría que decir
imprescindible e imposible de obviar– es la de la Pirámide Invertida. Esta es la estructura clásica a
la que responden las construcciones de la crónica y nota informativa. Como bien sabemos, su postulado
indica que hay que partir de lo más importante a lo menos importante y, de lo general a lo particular.
Su objetivo es dar la noticia del modo más concreto, rápido y totalizador, permitiendo al editor o al
periodista ir cortando el texto de abajo hacia arriba, si el espacio en la página lo exige.
En el primer párrafo de la Pirámide Invertida debemos responder a las seis preguntas básicas (las
seis W): ¿qué?, ¿quién?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde? y ¿por qué?
VII. El Reportaje es el cielo
Como ya señalamos, la palabra es un símbolo parcial que nos permite, al combinarla con otras
palabras, dar cuenta de un hecho o una historia. La palabra es un término que nos da la posibilidad
–esta es su mayor virtud y la más feroz de sus limitantes– de recrear condiciones; en otras palabras,
de aproximar al lector a lo que queremos relatar.
Al escribir transformamos nuestras vivencias, sentimientos, ideas y conocimientos –y nuestro trabajo
reporteril– en frases, oraciones y párrafos. El que elige leernos debe encontrar en aquellas frases,
oraciones y párrafos, el sentido mismo de lo que quisimos transmitir. Si queremos que realmente nos
entiendan y rescaten de la lectura de nuestros textos exactamente lo mismo que quisimos expresar,
requerimos encontrar el lenguaje y el tono que exprese nuestro mensaje del modo más adecuado.
Existen tres fases previas a la redacción:
1. Descubrimiento del tema: encontrar qué decir.
2. Disposición: ordenar lo que encontremos.
3. Elocución: ubicar las palabras adecuadas en el texto.
Si estos tres pasos se cumplieron o no se verá en la expresión escrita, en la redacción final del texto.
Si cualquiera de estos pasos falló o se omitió, el escrito quedará confuso, cojo o, en el mejor de los
casos, ramplón.
El reportaje es el mayor de los géneros periodísticos. Es el tope, es el cielo. Él contiene a todos los
otros géneros; se sirve de la crónica, del editorial, la columna de opinión y la entrevista. Se da el lujo
de utilizar formas propias de la literatura, como el quiebre de la linealidad del tiempo, la utilización de
recursos como la metáfora, la comparación, el flash back, el racco o raconto, etc. Es, en resumidas
cuentas, el más libre de todos los géneros periodísticos y el único límite para su libertad es el deber
de la verdad y de la claridad en la exposición.
Como todo texto, sea o no periodístico, el reportaje requiere claridad en las ideas y en su presentación.
Muchas veces nos enfrentamos a una gran cantidad de ideas y creemos que todas merecen la misma
dedicación pues pensamos que son igualmente relevantes. En estos casos, y en todos aquellos donde
nos veamos abrumados o urgidos por la cantidad de material (que es casi lo mismo que la cantidad
de ideas, pues el material se transforma en idea, ésta en hipótesis y ésta en una nuevo cauce posible
de desarrollo de nuestro reportaje), conviene que anotemos cada una de las ideas y suposiciones que
se nos vienen a la mente. Luego de hacerlo, deberemos leerlas de modo crítico, evaluando qué es
lo que sirve, lo que no sirve, lo que es atingente, lo que es relevante, etc. Además, dejar salir una idea,
llevarla al papel, permite abrir una instancia interna de reformulación de interrogante y es muy
enriquecedor. Por lo demás, si estamos trabados en nuestro trabajo, si no sabemos bien qué hacer
ni qué camino tomar, esto nos ayudará a desbloquearnos, dándonos pistas de posibles soluciones.
Cuando los hechos o ideas se enredan, hay dos preguntas que nos vuelven al eje: 1)¿Hacia dónde
voy con esto?, y 2)¿Hacia dónde quiero que vaya?
Hemos mencionado la palabra del millón y ni siquiera lo notamos: Hipótesis. ¿Qué es una hipótesis?
La respuesta es sencilla. Una hipótesis es una afirmación sobre algo. Esta afirmación, al final del
trabajo, se aceptará como cierta o se rechazará por errada. Por ser una afirmación debe contener un
verbo; es decir, debe incluir una acción. Una clásica hipótesis es la siguiente: Los fumadores viven
menos años que los no fumadores. Esto es una afirmación que para transformarse en un hecho, en
una verdad indiscutible, merece un estudio que la confirme. Entonces, una hipótesis no es una verdad
absoluta (indiscutida).
En un sentido más amplio, hipótesis es la suposición de una cosa para inferir de ella alguna consecuencia.
Cuando es éste el movimiento que se realiza, entonces estamos claramente frente a un trabajo
interpretativo, pues estoy hipotetizando –a partir de los antecedentes y las informaciones que manejo–
algo sobre algo o alguien para mostrar e interpretar escenarios posibles.
El ejercicio que se hace es el siguiente: 1) describo un hecho, 2) arriesgo una tesis sobre él (hipótesis)
y, 3) sigo describiendo a partir de lo hipotetizado para dar escenarios posibles.
Aquí ya hemos entrado en las formas de desarrollo de un reportaje. Otra forma, más sencilla, menos
efectista, y tan eficaz como la anterior es la siguiente: 1) primero describo lo conocido y 2) sugiero
una propuesta a partir de lo descrito. Voy de lo conocido a lo desconocido.
También podemos utilizar la fórmula NAC, aunque jamás podremos usar la de la Pirámide Invertida:
dar toda la información clave en el primer párrafo sería cometer un suicidio, pues nadie nos leería y
todo nuestro trabajo estaría perdido... listo para envolver pescados.
Esa es la primera regla de oro de un reportaje: JAMÁS dar toda la información en el primer o en los
primeros párrafos. Hay que guardar siempre un secreto para el párrafo que viene. Es como desenvolver
un regalo, o pelar una cebolla por capas hasta llegar a la pulpa. El final tiene que llamar, tiene que
provocar que el lector siga hasta la última línea. Hay que seducirlo y ello se logra si el misterio se
devela lentamente, causando tensiones, enamorando, irritando, divirtiendo, etc.
Subtítulos
Éstos son altos en el camino del texto que sirven para:
1. Ordenar: agrupando tramos de un texto extenso referidos a un mismo aspecto. Esto también
se refiere al ordenamiento mental del lector.
2. Dar un descanso: para el lector resulta visualmente agotador encontrarse con grandes sábanas
de texto. Por diagramación, por carácter, por atractivo, el subtítulo resulta ser una especie de descanso
visual que además, reimprime una nueva fuerza al interés del lector.
3. Establecer minicapítulos al interior del reportaje (esta función se relaciona íntimamente con la
Nº 1).
El subtítulo debe ser tan creativo como el título. En lo posible hay que evitar convertirlo en un resumen
de lo que viene a continuación. Además, en la mayoría de los casos no acepta más de tres palabras
como máximo. Muchas veces puede ser un par de palabras sacadas del texto que lo precede o una
o tres palabras que llamen especialmente la atención y que de un modo indirecto o directo se relacionen
con lo que sigue.
Lo ideal es ir subtitulando a medida que se escribe el texto, para ir ordenando el reportaje (o para ir
ordenando nuestra mente). Puede ocurrir que al terminar el texto, una vez que lo revisemos, descubramos
que uno o más subtítulos deben ser suprimidos o, también, que notemos que falta un subtítulo en una
zona del cuerpo de texto.
Las divisiones que otorgan los subtítulos sólo serán funcionales y correctas en la medida en que las
partes que lo constituyen se mantengan ligadas, aun cuando se opongan o contrasten. Además, hay
que cuidar que el texto que secunda al subtítulo no responda a un tema distinto del principal del
reportaje.
Progresión o desarrollo dramático
Un texto debe tener vida. La vida es movimiento, se constituye por altos y bajos, por tensiones y
distensiones. Un texto también. Un reportaje debe tener este desarrollo móvil; debe mostrar que en
él hay vida, nervios, jugos, fluidos, amores, odios y pasiones. Un reportaje debe tener un inicio, un
desarrollo, un clímax y un cierre, no importa cuál sea su orden. Se puede comenzar por el cierre,
seguir por el inicio, continuar con el desarrollo y acabar con el clímax. Se puede jugar, la curva dramática
la dibuja y la define el periodista. Este es el momento para jugar con el flash back y el racco.
Como autores debemos saber lo que irá ocurriendo en el texto, pero jamás debemos anticipárselo al
lector... ya saben, no queremos que nuestro trabajo termine como envoltura de pescado. Cualquier
anticipación que hagamos evitará que el lector se asombre o emocione con lo que viene; se romperá
la magia y el juego de seducción.
Después de enunciar algo general, podemos pasar a un detalle. Pero ir de un detalle hacia lo general
es infinitamente más difícil y requiere que la particularidad sea realmente determinante en la generalidad.
Cuando hablamos de más aburrimos. Cuando escribimos de más lateamos y provocamos que el lector
nos abandone. ¿Cuál es el punto? Sólo debemos explicarle al lector aquello que realmente amerite
explicación. Hay que saber diferenciar lo accesorio de lo principal; escribir más de algo no siempre
agrega información.
Utilizar recursos literarios como la metáfora y la comparación enriquecerá el texto siempre y cuando
el recurso sea acertado y creativo. Por ejemplo, decir que esta mujer tiene un cabello dorado como
el trigo maduro en una tarde de estío es jugar con la metáfora y la comparación de un modo demasiado
poco creativo, pues este tipo de metáforas y comparaciones fueron muy utilizadas por los románticos
(Romanticismo). Pero decir que su pelo amarillo natural se enrosca como el humo de un puro expuesto
a una leve corriente de aire es creativo, atrae y mueve.
La imagen es otro recurso literario que podemos usar para crear efectos de alto interés para nuestros
lectores. La imagen es más potente que la metáfora y la comparación, pues recrea un hecho
verdaderamente ocurrido en el pasado, reinyectándole fuerza viva. Cómo se accede a la imagen:
mediante la reconstrucción de escenas y diálogos. Así de simple. Eso sí, es reconstrucción, recreación,
no creación ni construcción; es verdad, no creación imaginaria. Aquí generalmente se utiliza el presente
como tiempo verbal, pues es más directo y provoca más choque y emoción.
Y ya que hemos tocado, aunque tangencialmente, el tema de los tiempos verbales, hay que recordar
que cada vez que escribimos, debemos mantener la continuidad verbal en nuestro texto. Ojo, esto
no es nada fácil. Por lo mismo, no basta con intentar lograrlo mientras vamos escribiendo, debemos
poner especial atención en esto en el momento de la corrección y edición.
Cada vez que escribimos debemos tener en cuenta las expectativas y aspiraciones del lector. Es
bueno detenerse cada cierto punto para pensar en las dudas que le podrían surgir al lector a través
de la lectura. Si descubrimos que no hemos dado respuesta a alguna de estas dudas, volvamos atrás
y busquemos la forma de hacerlo. Recordemos que escribimos para otros y esos otros no saben todo
lo que nosotros sabemos respecto del tema que hemos investigado.
Finalmente, una vez concluida la redacción total del reportaje debemos revisarlo, corregir las faltas
de ortografía, redacción y contenido. Eliminar todos los ripios, todo lo que sobra y redunda. Cerciorarnos
de que todos los párrafos están perfectamente encadenados, que las oraciones y párrafos tienen
sentido, que se entienden por sí solas y en el contexto. Debemos EDITAR. Tras la primera edición
es aconsejable que sometamos el texto a la revisión de alguien que sabe más que nosotros (para que
nos corrija críticamente) o que no conoce nada sobre el tema (para ver si entendió lo que expusimos
y si entendió exactamente lo que nosotros le queríamos comunicar).
El paso siguiente es la impresión y de eso se encargarán las rotativas.

Hola de regreso.... Después de algunos días o más de ausencia retomaré este espacio para poder generar conversación.... https://www.face...